26 mayo 2008

ayer y hoy


Mirad Lourdes que Lozana...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

La foto del ayer es anterior a la reforma que hicieron los jefes en 1956. Recuerdo que ese verano lo pasamos entre andamios. Si la foto fue sacada por uno de nosotros, pudo haberlo sido en 1952,cuando pasamos el primer verano de nuestra vida en Mayrena.La puerta con un número arriba que no se distingue daba acceso a la cuadra (luego cocina), donde moraba Moreno, el caballo, que nos bajaba al pueblo tirando de la tartana que había en Mayrena, y en el que yo tuve mi primera y única experiencia de montar a galope, pues inocentemebnte me monté en él, y antes de llegar a la casa de las notarias, se dio la vuelta y me pegó una galopada que en mi total inepcia no supe cómo parar, hasda la puerta de la cuadra. Aprendí entonces el verdadero significado de la querencia al establo, y se me quitaron las ganas de volver a subirme en una montura, sea caballo, mula o burro.

Anónimo dijo...

Por cierto, Jason Alphonsus, un día me tienes que dejar el album para escanear las fotos de nuestra memoria histórica.

Anónimo dijo...

Muy buena foto, JSEF. No sé si será o no Lourdes, pero la postura de sus andares característicos la tiene.

Anónimo dijo...

Para ESEA-A

Querido tio cuando vaya a Mayrena me traeré esos albumes antiguos para que los puedas escanear. Un abrazo
Juan Fontes

Anónimo dijo...

SOLO EN EL CASTILLO
Basado en hechos reales.


Corría el año..... 196 y pocos. Tuve que hacer un viaje a Mayrena, y me tocó un día de esos en el que el viento era capaz de llevarse por delante toda una hilera de "bercoqueros". Después de cenar y de un rato de charla con Pepe Eusebio, (Señorito, le han zurrao al Madrid, prrri, prrri), el se fue a su cuarto, donde tienen los Fontes hoy el leñero, y yo a dormir en el mío.
El viento seguía soplando fuerte, y por simple medida de precaución, estoy solo en la Casa, tengo al alcance de la mano la escopeta, esa que hoy luce "desarmada", colgada en la pared del salón de mi Casa.
Sobre las cinco de la madrugada un ruido extraño proveniente de la terraza, me despierta. Escucho. Es "talmente" como si un fantasma arrastrara sus cadenas de lado a lado de la terraza.
Me incorporo, tomo la escopeta, quedo a la espera dispuesto a disparar si la puerta de la terraza se hubiera abierto, y el jabalí "enseñara la jeta".
Pasa el tiempo, el viento sigue soplando y las "cadenas" siguen arrastrándose por todo el piso de la terraza.
Amanece, después del desayuno, con Pepe, al que le cuento la aventura, subimos a la terraza.
Y allí, en un rincón, quietas, porque ya no soplaba viento alguno, estaban las causantes del ruido de cadenas que por unos momentos erizaron,porque entonces si tenía, los pelos de mi cabeza.
Eran dos grandes, hermosas, y enormes calabazas que, movidas por el viento, recorrían de un lado a otro la terraza produciendo ese ruido de "fantasmales cadenas".
Desilusionado dejé de creer en los fantasmas, y volví fervoroso a la veneración de las calabazas, que, amorosamente hablando, las conocía bastante bien.