20 diciembre 2008



BATMAN DERICE

Ya no volveré a temer nada de nada ni de nadie.
Ningún peligro podrá hacer mella en mi ánimo.
Mi familia, la de mis hijos, y todas las familias de los Sebastián de Erice, rama Don Fernando, estamos protegidos contra las fuerzas del mal por uno de los mayores Héroes que en el mundo existe:

BATMANDERICE

Aquí lo tenéis, brazos en alto, protegiéndome e impidiendo que en mi casa entrara el malevo, y destrozara la fiesta de cumpleaños de mi otra protectora, la pequeña Hada Buena.
Nadie conoce su cara, nadie sabe quién es, pero cuando es necesaria su presencia, basta con invocarlo para que aparezca y derrote al enemigo malo.
No todos pueden presumir de tener tanta protección.
Se que mientras viva, mi felicidad está a salvo y protegida, se que allá en las sombras, sin que nadie sospeche de su presencia, unos ojicos miel vigilan atentos para velar por el bien de aquellos a los que Ama.
Y si lo necesitáis, no lo dudéis, recurrid a él.
Un soplo de aire fresco invadirá vuestra casa, una sensación de tranquilidad, paz, y serenidad, envolverá vuestros cuerpos, y sin que sepáis cómo, tal vez sin notar siquiera su presencia, veréis como los sapirujos siniestros caerán derrotados por la fuerza de sus puños.
Yo lo tengo comprobado.
Y quiero compartir con vosotros ésta maravillosa protección.

17 diciembre 2008


CUENTO DE NAVIDAD
"La Pequeña Hada Buena"

Desde hace muchos, muchos años, el Hada Buena de todas las Hadas Buenas, -ya sabéis que también las hay malas, a las que llaman brujas -, buscaba y buscaba entre las niñas del mundo, aquella que guardara en su corazón todas las condiciones necesarias para que, cuando llegara el momento, pudiera hacerse cargo del Reino de las Bondades, la Sabiduría, la Ternura, la Generosidad y la Inteligencia.
En una palabra, del Reino de las Hadas.....
Viajó por todas las naciones del Mundo.
Visitó miles y miles de casas. Desde los Palacios más extraordinarios y lujosos, hasta las chozas más humildes y destartaladas.
Allá donde pudiera encontrarse una niña, allá donde el Hada Buena de todas las Hadas Buenas pensara que podría hallar a la que fuera digna de hacerse cargo de su Varita Mágica, se detenía, pasaba un buen rato con ella, hablaban, se paseaban y jugaban juntas.....

Y tomaba nota de todo lo que veía con un boli de Oro en una Agenda de Plata......
Luego continuaba su camino....

Habló con muchas, visitó a todas sin olvidar a ninguna. Pero entre todas no encontró a la que, según su sabiduría, pudiera ceder, en su día, su Varita Mágica, y convertirse así en la siguiente Hada Buena de todas las Hadas Buenas....
Y cuando pensaba que tendría que dejar para más adelante la elección, vio, a través de una ventana, a una pequeña niña de rasgos orientales, que con sonrisa de ángel, inteligencia en la mirada, y la bondad en el alma, hacía felices a todos los que con ella estaban.
Y sus pequeñas alas de seda, su diadema de plumas de cisne, sus antenas de niebla y su varita de palma, bailaban al son que imprimía la música que salía de su alegre corazón...
Se quedó mirando un momento, sólo un momento....
Se dio cuenta que de la misma manera que ella irradiaba una luz que todo lo iluminaba, de aquella niña brotaba esa misma energía que envolvía cuanto la rodeaba.
Una sensación de felicidad invadió al Hada Buena de todas las Hadas Buenas.
Ya no tendría que buscar más.
Su elección estaba hecha.
Sólo habría que esperar el paso de los años para que el Reino de las Bondades, la Sabiduría, la Ternura, y la Inteligencia, es decir el Reino de las Hadas, recibiera a su nueva Soberana.

06 diciembre 2008

FELIZ NAVIDAD


FELIZ NAVIDAD

Y CON ESTA SONRISA EN EL CIELO, PRECURSORA DE VAYA USTED A SABER QUE COSAS, AUNQUE ESPERO QUE SEAN TODAS BUENAS PARA LOS SEBASTIÁN DE ERICE (RAMA DON FERNANDO), DESEO A TODOS LOS QUE SE ASOMEN A ESTA ENTRADA MUCHISIMAS FELICIDADES EN ESTA NAVIDAD, Y EL 31 DE DICIEMBRE DEL 2009, YA HABLAREMOS......
UN ABRAZO A TODOS,
FERNANDEZ DE LA HOZ.

27 noviembre 2008

Éramos pocos...

Después de 'taitantas' noticias como ésta, creo que no vamos a ser primicia... pero ahí va:

¡¡¡¡Belén y yo estamos embarazados!!!!

Os mando la primera foto del bebé, aunque, con la emoción, creo que la tomamos demasiado pronto.



Foto: Momento exacto en el que un Sebastián de Erice se encuentra con una Talavera...

26 noviembre 2008

Estación de Calasparra (2)

Hablando de la estación de Calasparra, Quique escribía en este blog:

"Probar a ir una noche a esperar a alguien al tren, y veréis zombies deambulando a tientas para no tropezar con cualquier obstáculo, sin saber dónde pararse a esperar, y en la más absoluta oscuridad. Y menos mal que siempre hay algún previsor que tiene una pequeña linterna para no esnafrarse contra el viejo "muro rojo", tan poético si es de día ..."

Real como la vida misma. La última vez que estuve allí (hace un mes) me preguntaba qué haría un viajero que llegase allí de noche, sin conocer a nadie, esperando que algún taxi (no hay) o autobús (no hay) lo llevase a Calasparra, o que alguien (no hay nadie) le indicase cómo acercarse al pueblo...

Menos mal que siempre podría tomarse una copa y cenar en el bar:

o pedir una habitación en la fonda:

o pedir las llaves de los urinarios a alguien inexistente para echar la última meadilla del día.

20 noviembre 2008

PENSA FOTO


Es la Estación de Pozo Cañada, cerrada, deshaciéndose por fuera y por dentro, cociéndose en su propia ruina, abandonada a su suerte.....
Me ha dado pena.
¡ Fue en tantas ocasiones mi Estación de destino !....
Me he sentado en el poyo, he cerrado los ojos, y reclinado en la pared roja de toda la vida, y me he puesto a pensar en cuantos recuerdos, cuantas risas y lágrimas, cuantas buenas y malas noticias habrán salido o entrado por estas puertas ahora cerradas....
Cuantas esperas, cuantas despedidas, cuantas esperanzas, cuantas desilusiones estarán eternamente resonando en sus paredes.
Cuantas palabras, promesas, éxitos, fracasos quedarán encerrados dentro de esa verja que jamás se abre para que vuelen libres..
Es como una imagen de muerte, sola, seca, fría.....
Es la imagen de mi vida.
Vida que, desde el poyo, veo pasar rápida resbalando por los raíles, sin detenerse en ese andén, en donde una vez, ésta fluyó con alegría.....
Es la imagen de la vejez llegada.....
Sólo me queda esperar que pare, por última vez, el tren que ha de llevarme tan lejos.....



27 octubre 2008

Entró, entró...

Cuando no existía el “ojo de halcón”, para ver si la bola había entrado o no en un partido de tenis, había que mirar el bote desde arriba, verticalmente, como hace este juez de silla en el campeonato de Mayrena de 1968 (que por cierto gané brillantemente)




26 octubre 2008

Nostalgia Tangerina



Para los que pasamos nuestra infancia y primera adolescencia en Tánger, hay una web que no sé si habéis visto, sobre Tánger, en al que muchos ex tangerinos exponen sus recuerdos y nostalgias del Tánger de la época en que era Zona Internacional: www.tanger99.com.

Y para completar este comentario, adjunto fotos de la bahía de Tánger y de la cuesta que bajaba hacia el Colegio de los Marianistas, ambas tomadas en Agosto de 2000.

15 octubre 2008

¿Plagio?

Ringo Starr ha sido sorprendido en una foto haciendo el mismo signo que hizo Pedropá allá por el siglo XVIII, cuando Ringo aún no sabía que existían los Beatles. La prueba son estas fotos.


Se nota que la más antigua es la de abajo por la corbata que lleva Pedro, y por el seiscientos. Y por la vieja. Fijaros que hasta ha copiado la postura exacta de los dedos ¡tendrá cara! Pedro, yo que tú lo demandaba, siempre le podías sacar unas perrillas...

13 octubre 2008

San Eduardo


SANTORAL-ONOMÁSTICA
Santos del día 13 de Octubre
EDUARDO


(tb. Fausto, Jenaro y Marcial, mártires de Córdoba; Serafín de Montegranero, religioso; Beato Laluino, monje; Beata Magdalena Panatieri, virgen)


Nombre de origen germánico, su forma anglosajona es Edward, y su forma latina Edvardus (que al pasar a leerse Eduardus dio lugar a la forma española Eduardo. Se cree que procede de los elementos germánicos Hrod (glorioso) y ward (guardia; precisamente de ahí procede esta palabra). El nombre significa, por tanto, gloriosa guardia o guardián digno de gloria. Tiene la variante inglesa de Edgar, en recuerdo de san Edgar "el Pacífico", famoso rey sajón del siglo X. Pero se mantienen ambas variantes del mismo modo que nosotros tenemos la de Isidoro (para san Isidoro de Sevilla) y la de Isidro (para san Isidro Labrador), la de Ramón (para san Ramón Nonato) y la de Raimundo (para san Raimundo de Peñafort). Tanto una como otra variante son muy populares, aunque es más tradicional Eduardo.
San Eduardo rey de Inglaterra y mártir (962-978), murió a manos de su madrastra, que quería apartarlo del trono de Inglaterra para dárselo a su hijo. Su sobrino Eduardo III, también santo, reinó desde 1042 hasta 1066. Su juventud fue muy azarosa, pues tuvo que recuperar el trono de manos extranjeras. Pero se cansaron los ingleses de ser dominados por reyes extranjeros. El último fue Canuto (Knut) el Grande. Durante su largo destierro Eduardo había hecho voto de peregrinar a Roma si recuperaba el trono. El día de pascua del año 1043 fue coronado Eduardo rey de Inglaterra; pero al querer cumplir su voto, los nobles no se lo permitieron, porque hubiese puesto en peligro la estabilidad del reino. Así que pidió al papa que le conmutase la promesa; el sumo pontítice le impuso que repartiese entre los pobres lo que hubiera costado la peregrinación con todo su séquito, y que además edificara o restaurara alguna iglesia consagrada a san Pedro. Edificó, pues, Eduardo el templo de Westminster (monasterio del oeste), en el que se consagran los reyes de Inglaterra y en el que reposan los restos de algunos monarcas. Se le atribuyó la facultad de curar a los atacados por lamparones con la sola imposición de sus manos, facultad que luego se atribuyó a los reyes que le sucedieron. Murió en 1066. Los Eduardos celebran su onomástica el 13 de octubre, aunque disponen de diez fechas alternativas más.
Los Eduardos han ocupado un lugar importantísimo en la historia de Inglaterra. Hasta el ordinal VII según unos historiadores, y hasta el X según otros, llega la cuenta de los reyes ingleses de este nombre. Desde Eduardo I el Viejo, II el Mártir, III el Confesor, Eduardo el Príncipe Negro, se suceden los grandes reyes, hasta llegar a los protagonistas de la Guerra de las Dos Rosas y a la Guerra de los 100 Años. Hay que recordar también a Eduardo rey de Portugal, y Eduardo el Liberal, conde de Saboya, y Eduardo de Bruce, rey de Irlanda, y tantos otros Eduardos que gobernaron con valor sus Estados.En la geografía nos han quedado como perenne recuerdo de este valeroso nombre la Isla del Príncipe Eduardo y el lago Eduardo (antiguamente lago Alberto-Eduardo, y más recientemente, lago Idi Amín Dadá), en los confines de Uganda y el Zaire, tributario del lago Alberto. Un nombre, el de Eduardo, que ha dejado huella imborrable y gloriosa, como le corresponde por su origen. (Copiado de El almanaque en Internet - se nota, no?)
Edu

10 octubre 2008

Aquiles


Hola, es mi primera aparición en esta güeb, o blog o como se llame.

El dia 1 de octubre me operaron del tendón de aquiles - os ahorro las fotos, pero debió ser algo tal que asi (ver afoto). Lo bueno es que no me duele, ni sangra ni nada, y que la tía Isabel me ha prestado la silla de ruedas de su padre, para que Giovanna me saque a pasear por el retiro. Solo espero que no aproveche y me deje tirado por ahí. A ver si me hago una fotico y la cuelgo en la güeb - si en efecto me quedo tirado por ahí se le podrá facilitar a la policía, poner en carteles con mi nombre "Se busca tullido de unos 40 años"

El martes me quitan los puntos, pero tengo que seguir con la extremidad inmovilizada, y luego rehabilitación.

Eduardo.

22 septiembre 2008

Abuelo

El mejor coleccionista es el de recuerdos. Busca la ocasión y embellece los momentos más que por vivirlos por recordarlos.

18 septiembre 2008

Íñigo de Escayola


Esta es la primera de las escayolas que lució Íñigo, producto de un golpe seco en un columpio del Club de Campo

14 septiembre 2008

Chinchón - Caravaca en bici.

Era una idea viejísima que he ido posponiendo con los años, hasta que he pensado que ésta era mi última oportunidad: viajar desde Madrid (bueno, desde Chinchón, para evitar las M y el puerto que sube a Chinchón) hasta Caravaca. Así que, aprovechando unos días en que de mis cinco peplas había dos que estaban bien y otra medio bien, me dije, digo, dice: ¡ahora o nunca! Total, cinco días y 375 kms sin pisar una Nacional, yendo siempre por carreteras amarillas y verdes de escaso tráfico. Y con la gratísima compañía de Hugo y Dani, que me han ido animando con los típicos “¡venga, que tú puedes!” o “¡dale, que ya queda poco!” o “¡vas como un tiro!”, mientras me pegaban unas pasadas que ni os cuento, qué poco respeto tienen hoy los hijos a sus padres…

Ahí van unas fotos de esta ruta que yo llamo “de los alcoholes”, pues empieza con el chinchón (seco, siempre), atraviesa los viñedos de la mancha y finaliza en los caballos del vino.

Hugo, calentando entre Villatobas y Lillo.

Dani, saludando entre los viñedos cercanos a Las Mesas. Como mochilero experto que es, fue el que menos peso cargó.

Laguna de Pedro Muñoz, con sus pajaricoooes. Y la Peregrina, mi máquina de tortura.

En la casa rural de Pozuelo. Obsérvense los platos de spaguetis que trasiegan mis hijos, ¡maeredelamolermoso...!

En Las Mesas tomamos el aperitivo con Mercedes, Diego y Rafael Chico, que acudieron desde Mota. Los más viejos aprovechamos para recordar los partidos de la Casa de Campo y otras vicisitudes.

Mi casaaaaaa....

Teorema de Sófocles: "Toda cuesta abajo siempre tiene una cuesta arriba del otro lao mucho más jodida", ¡cagüen!

Reponiendo fuerzas en un restaurante de La Puebla de Almoradiel.

Peñas de San Pedro (¡qué bonica que es mi burra!)

Hay que echar gasofa por doquier, si no no hay quien llegue...

Hugo y Dani por el camino paralelo al Segura, más allá de Las Minas.

Llegando a Cehegín, por la parte de allá.

Y la horchataza final frente al Templete, luciendo las camisetas que diseñó Hugo con motivo del evento.

Pues nada, que si queréis apuntaros alguno para la segunda marcha (el año que viene), ir haciéndolo ya, no se me aglomeren al final, que luego no quedan entradas.

(Más fotos del viaje, aquí)

(Y más, y mejores, las que hizo Hugo, aquí)

01 septiembre 2008

Dos de septiembre (cuento)


Fer era un niño situado en esa edad donde los sueños y las realidades se juntan o se separan, confusos, en el incierto horizonte de la fantasía.

Aquel día era uno de septiembre.

Fer se acababa de acostar, finalizaba su veraneo, que como cada año pasaba en una finca que tenía su familia en el interior de la provincia de Murcia. Faltaban pocos días para que volviera a Madrid a iniciar el nuevo curso. La finca estaba situada al pie de un monte que de noche se oscurecía y parecía tener magia, vida propia, misterio... Aquella tarde del uno de septiembre había sido especial... Un tío abuelo suyo, al que veían muy pocas veces, había llegado de no se sabía muy bien dónde. Tenía una cabaña de madera situada donde empezaba o acababa el monte, cabaña que nunca llegaron a ver por dentro Fer y su hermana Ana, pues siempre estaba cerrada.

- Tío, llévanos a tu cabaña - le dijeron.

Y para allá se fueron, con algunos primos más pequeños. Ya estaba anocheciendo, y la cabaña siempre había ejercido cierta fascinación en Fer, Ana y sus primos. Su tío la abrió y les mostró lo que allí había, a la luz de un camping gas que ardía con fuerza, como molesto de que lo hubieran despertado... Sobre las paredes, clavados, extraños artilugios de esparto cuyas sombras se movían caprichosas inventando bailes al ritmo del fuego, un libro extraño muy gordo en una extraña balda, una cama muy extraña, azul, unos extraños tirachinas viejos que el tío le contó que había traído de no sabía dónde, una hamaca que extendió entre dos pinos (y que se rompió cuando una prima de Fer se columpiaba...)

Todas estas circunstancias contribuyeron a crear el clima propicio. En el camino de regreso a la casa de Fer, ya anochecido, alguien empezó a contar historias de lobos, de fantasmas, de aullidos nocturnos, de bufandas que golpeaban en la espalda de alguien que corría en bicicleta pensando que era el demonio que lo llamaba, y alguien empezó a hablar de una cueva mágica situada en lo alto del monte, mucho más arriba de la cabaña... Fer alucinaba ¿existían los fantasmas? ¿había animales feroces por aquellos montes? Y sobre todo... aquella cueva de la que tanto había oído hablar ¿existía realmente?... Él quería conocerla, pero nadie lo llevaba a enseñársela.

En todo esto pensaba en su cama Fer esa noche después de acostarse, hasta que poco a poco se fueron cerrando sus ojillos achinados. Primero el derecho, y luego el izquierdo... Estaba ya dormido cuando el grito de un mochuelo lo despertó...

-Uhuu! Uhuu!- (o algo parecido) decía el mochuelo

Fer abrió un ojillo, el izquierdo, luego el otro, el derecho, y pensó “el mochuelo me quiere enseñar la cueva”

Tenía mucho miedo, la casa estaba a oscuras, en silencio absoluto, no había nadie levantado. Pero se armó de valor, se calzó las zapatillas, se puso los pantalones y su camiseta roja... y salió al exterior, tenía que conocer la cueva. Fuera no se oía ningún ruido, ni el del mochuelo siquiera, la oscuridad lo impregnaba todo, sólo apenas se podía ver clarear, en el suelo, la línea del viejo camino que subía al monte. Fer, asustado, comenzó a andar ése camino, pasito a pasito al principio, abriendo bien los ojos y los oídos para poder captar cualquier sonido o visión fantasmal, casi sin respirar, oyendo sólo los latidos de su corazón... y más confiado luego, al comprobar que nada especial ocurría. El camino subía y subía por el monte, cada vez más empinado, pero Fer estaba seguro de que esa trocha de piedras acabaría llevándolo a la gruta misteriosa.

Había pasado mucho rato, la cuesta no terminaba, Fer estaba muy cansado, no veía el final del sendero que se perdía entre las sombras...

-Mierda - pensó (aunque Fer no decía tacos, a veces se le escapaba este término escatológico cuando estaba solo)- no me he traído nada para comer y este camino puede ser muy largo, ya casi no puedo con mi alma, si al menos me hubiera traído un caramelo para recuperar fuerzas...-

De pronto vio que, un poco más adelante, el camino se bifurcaba en dos, uno que continuaba ascendiendo hasta perderse en la oscuridad de la noche, y otro que bajaba ladera abajo, hacia lo que Fer pensó que podía ser un valle oscuro. Al llegar a la bifurcación, Fer se paró, indeciso ¿cuál de aquellos caminos debía tomar para llegar a la cueva? Los dos se hundían en la noche, pero el del valle parecía más fácil de recorrer, el otro no hacía más que trepar y trepar por el monte...

Y de repente.... ¡lo vio!

Al principio, para Fer sólo fue una sombra, sentada sobre una piedra que separaba los dos caminos. Fer se asustó, estuvo a punto de gritar (quizás hasta gritó), quiso darse la vuelta y salir escopetado hacia abajo, hacia su cama que aún debía de estar calentita... Pero, aunque se le vinieron a la memoria todas las historias de miedos y fantasmas y lobos y aullidos que le habían contado esa tarde, aquella sombra sólo transmitía paz. Poco a poco descubrió que la sombra era un hombre mayor, que miraba a Fer con una inmensa dulzura, a través de unos ojos pequeños y alegres como los suyos... Fer se le acercó, pasito a pasito, fascinado, hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para que pudiera coger la mano que el señor mayor le tendía. Así, cogidos de la mano, se miraron con la misma mirada, con los mismos ojos entornados, y sus mismas caras mofletudas se abrieron en una sonrisa única, como las dos caras de un espejo, casi iguales si no fuera por las arrugas que adornaban los ojillos del señor mayor.

A Fer se le pasaron todos sus miedos, aquella persona le inspiraba absoluta confianza. Sin soltarle la mano le preguntó:

- Esto... abuelo ¿cuál de estos dos caminos es el que lleva a la cueva misteriosa?-

El señor mayor lo miró sin dejar de sonreír y le señaló, levantando la cabeza y haciendo un gesto con su gran nariz, hacia el camino que subía por el monte.

-¡Puf! - dijo Fer - Pero ya llevo mucho rato caminando, estoy muy cansado, y ése camino tiene muchas cuestas, además, no me he traído nada para comer...-

El señor mayor metió la mano en el bolsillo de su camisa y sacó lentamente un caramelo mitad azul y mitad verde envuelto en un papel que era al revés, mitad verde y mitad azul. Se lo entregó a Fer quien, después de desliarlo, lo introdujo en su boca y empezó a chuparlo lentamente, mientras miraba el camino que debía seguir. El día empezaba a clarear, y en lo alto del monte se veía una estrella que Fer imaginó que le mostraba el lugar donde se encontraba la entrada de la cueva. Siguió chupando el caramelo, mirando aquella estrella, y notó que las fuerzas volvían a apoderarse de él. Sonrió una vez más, decidido a encontrar la cueva, seguro de que por fin lo iba a conseguir. Pero antes de continuar su camino, se volvió hacia el sitio donde estaba el señor mayor, quería agradecerle su ayuda.

-¡Gracias, abue...lo... ¿abuelo?-

El señor mayor ya no estaba allí, sólo quedaba la piedra sobre la que había estado sentado, y un intenso olor a romero.

Fer se encontró de nuevo solo, con un papel la mitad verde y la mitad azul en la mano, que se metió en el bolsillo para depositarlo en la primera papelera que encontrara, sus padres le habían dado muchas veces la paliza de que los papeles no se tiran al suelo y Fer, a veces, obedecía a sus padres. Pero en el monte no hay papeleras, por eso se lo echó al bolsillo y se olvidó de él. El día ya clareaba, el brillo de la estrella empezó a perderse, hundido en los rayos del amanecer, y Fer siguió subiendo el camino, feliz, confiado, lleno de fuerza....

.... hasta que lo despertó un rayo de sol que se colaba entre las cortinas de su dormitorio. Ya era dos de septiembre.

“Ha sido un sueño - pensó Fer -, un sueño muy bonito...”

Fer bostezó (dos veces, creo), se sentó en la cama, se puso su camiseta roja, su pantalón, y no pudo evitar rebuscar en el bolsillo de ese pantalón. Allí estaba, lo palpó, lo sacó... era el papel una mitad verde, la otra mitad azul del caramelo que le había dado aquel señor mayor en el monte....

Fer miró el papel, lo hizo crujir entre sus dedos regordetes, y lo volvió a meter en el bolsillo, con parsimonia, mientras guiñaba un ojillo sonriente al rayo de sol que se colaba por la ventana.