Desde hace muchos, muchos años, el Hada Buena de todas las Hadas Buenas, -ya sabéis que también las hay malas, a las que llaman brujas -, buscaba y buscaba entre las niñas del mundo, aquella que guardara en su corazón todas las condiciones necesarias para que, cuando llegara el momento, pudiera hacerse cargo del Reino de las Bondades, la Sabiduría, la Ternura, la Generosidad y la Inteligencia.
En una palabra, del Reino de las Hadas.....
Viajó por todas las naciones del Mundo.
Visitó miles y miles de casas. Desde los Palacios más extraordinarios y lujosos, hasta las chozas más humildes y destartaladas.
Allá donde pudiera encontrarse una niña, allá donde el Hada Buena de todas las Hadas Buenas pensara que podría hallar a la que fuera digna de hacerse cargo de su Varita Mágica, se detenía, pasaba un buen rato con ella, hablaban, se paseaban y jugaban juntas.....
Y tomaba nota de todo lo que veía con un boli de Oro en una Agenda de Plata......
Luego continuaba su camino....
Habló con muchas, visitó a todas sin olvidar a ninguna. Pero entre todas no encontró a la que, según su sabiduría, pudiera ceder, en su día, su Varita Mágica, y convertirse así en la siguiente Hada Buena de todas las Hadas Buenas....
Y cuando pensaba que tendría que dejar para más adelante la elección, vio, a través de una ventana, a una pequeña niña de rasgos orientales, que con sonrisa de ángel, inteligencia en la mirada, y la bondad en el alma, hacía felices a todos los que con ella estaban.
Y sus pequeñas alas de seda, su diadema de plumas de cisne, sus antenas de niebla y su varita de palma, bailaban al son que imprimía la música que salía de su alegre corazón...
Se quedó mirando un momento, sólo un momento....
Se dio cuenta que de la misma manera que ella irradiaba una luz que todo lo iluminaba, de aquella niña brotaba esa misma energía que envolvía cuanto la rodeaba.
Una sensación de felicidad invadió al Hada Buena de todas las Hadas Buenas.
Ya no tendría que buscar más.
Su elección estaba hecha.
Sólo habría que esperar el paso de los años para que el Reino de las Bondades, la Sabiduría, la Ternura, y la Inteligencia, es decir el Reino de las Hadas, recibiera a su nueva Soberana.
En una palabra, del Reino de las Hadas.....
Viajó por todas las naciones del Mundo.
Visitó miles y miles de casas. Desde los Palacios más extraordinarios y lujosos, hasta las chozas más humildes y destartaladas.
Allá donde pudiera encontrarse una niña, allá donde el Hada Buena de todas las Hadas Buenas pensara que podría hallar a la que fuera digna de hacerse cargo de su Varita Mágica, se detenía, pasaba un buen rato con ella, hablaban, se paseaban y jugaban juntas.....
Y tomaba nota de todo lo que veía con un boli de Oro en una Agenda de Plata......
Luego continuaba su camino....
Habló con muchas, visitó a todas sin olvidar a ninguna. Pero entre todas no encontró a la que, según su sabiduría, pudiera ceder, en su día, su Varita Mágica, y convertirse así en la siguiente Hada Buena de todas las Hadas Buenas....
Y cuando pensaba que tendría que dejar para más adelante la elección, vio, a través de una ventana, a una pequeña niña de rasgos orientales, que con sonrisa de ángel, inteligencia en la mirada, y la bondad en el alma, hacía felices a todos los que con ella estaban.
Y sus pequeñas alas de seda, su diadema de plumas de cisne, sus antenas de niebla y su varita de palma, bailaban al son que imprimía la música que salía de su alegre corazón...
Se quedó mirando un momento, sólo un momento....
Se dio cuenta que de la misma manera que ella irradiaba una luz que todo lo iluminaba, de aquella niña brotaba esa misma energía que envolvía cuanto la rodeaba.
Una sensación de felicidad invadió al Hada Buena de todas las Hadas Buenas.
Ya no tendría que buscar más.
Su elección estaba hecha.
Sólo habría que esperar el paso de los años para que el Reino de las Bondades, la Sabiduría, la Ternura, y la Inteligencia, es decir el Reino de las Hadas, recibiera a su nueva Soberana.

1 comentario:
Un hada muy buena sí señor.
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